Arq. Mario Vivero Espinel

Formación Académica:

* Bachiller en Ciencias Físicas y Matemáticas, Colegio Americano de Quito, 1969

* Arquitecto, Universidad Central del Ecuador, 1980

Extracto de la presentación hecha por Mario Vásconez Suárez, en mi primera exposición: “Fachadas y Tintas” en el Colegio de Arquitectos, junio de 2001. “Poner tinta a los recuerdos” A propósito de la muestra “Fachadas y Tintas” de Mario Vivero.

Diez años más tarde, en junio de 2001 otro buen amigo, Mario Vivero, también arquitecto iba a hacer una exposición de sus magníficos dibujos en la Galería de Arte del Colegio de Arquitectos de Quito y también me pidió que hiciera la presentación de esa muestra. Acepté con mucho gusto por la gran amistad que me une igualmente con mi tocayo con quién Marco y yo fuimos compañeros en la Facultad de Arquitectura desde primer curso. Escribí un texto no muy extenso titulado “Poner tinta a los recuerdos” y en el acto de inauguración de su exposición lo leí dirigiéndome a los presentes. Luego de saludar a quienes nos acompañaban en aquella oportunidad… comencé así mi intervención:  Conocí a Mario Vivero hace muchos años. ¿Cuántos?.... Saquemos cuentas: ambos estamos jugando nuestro último año en la sub-cincuenta y la primera vez que nos topamos acabábamos de salir de la secundaria, por tanto... años más, años menos (a estas alturas del partido esas pequeñeces no cuentan)... conozco a Mario por más de treinta años...

Lo conocí en la facultad de arquitectura (de la Central habría que aclarar para los más jóvenes, ahora que han proliferado las facultades por todo lado...). Lo conocí en la facultad cuando los dos iniciábamos la apasionante aventura de hacernos arquitectos... Nos tocó el mismo paralelo no porque ambos nos llamásemos Mario sino porque nuestros apellidos comienzan con v.  Fuimos compañeros y somos amigos desde esa época... y claro, driblamos juntos un montón de materias y trabajos... Si la facultad tuviera archivos o al menos algún tipo de registro de la cantidad de productos que entregan incansablemente sus alumnos, se podría verificar cuantas tareas de urbanismo, de historia, de teoría, de construcciones, de estabilidad, de ciencias sociales y de quién sabe cuantas otras cosas los hicimos “en grupo” (como era usual en esas épocas de ingresos masivos, clases magistrales y cursos de ochenta alumnos). Cuantas cartulinas y papeles habremos llenado en todos esos años con Mario y con todos los amigos (muchos aquí presentes) con los que hacíamos infatigables tareas en grupo. De esas épocas universitarias hay recuerdos de cansancios, amanecidas, harto trabajo... y muchas satisfacciones. Teníamos materias que nos apasionaban, otras eran tediosas, una que otra, inservible... pero todas copaban el tiempo impresionantemente... Una materia sensacional porque era una especie de oasis en medio de las responsabilidades y los esfuerzos cotidianos era dibujo natural... Salíamos a dibujar al Ejido, a las calles de Quito, a sus barrios... Aprendimos desde esa época a ver, a apreciar, a querer las iglesias, las plazas, las fachadas que ustedes pueden apreciar en esta muestra que hoy nos congrega.

De esos años creo importante mencionar a dos personas -dos Oswaldos- que nos vincularon con las técnicas del dibujo, con el lápiz, el carboncillo, la acuarela, la tinta... Oswaldo Viteri y Oswaldo Muñoz Mariño -maestros con mayúsculas- El primero fue profesor nuestro en los primeros años de la facultad y el segundo “nuestro maestro” en su taller de arquitectura. Viteri nos puso en contacto con el papel periódico, la tinta, el madero aguzado para usarlo como rústica pluma... Muñoz Mariño con adminículos apasionantes como los graphos y el plumón -ahora  piezas de museo- que servían por igual para dibujo técnico y artístico... Pero ambos, nos enseñaron sobre todo, a sentir la ciudad, a sentir sus piedras, sus muros de tapial y de adobe, sus tejas y sus pequeñas ventanas... a ver y a dibujar en perspectiva y con otra perspectiva... pues al sentir la arquitectura y la ciudad aprendimos a sentir a su gente... Desde esa época, Mario se destacó como el buen dibujante que esta muestra confirma. Desde un inicio optó para sus trazos por el uso de tinta y una ramita cualquiera con la punta aguzada. Ese pequeño madero permite cuando es usado, como en este caso, con una particular combinación de espíritu, cabeza y mano sensibles, pasar de líneas finas y puntos delicados, apenas inclinándolo, a una sombra potente y a texturas rugosas; sumergido cada cierto tiempo en las obscuridades de la tinta ese pequeño objeto va y viene del papel al modelo -y de ésta a aquel-, transita de la dimensión de un muro, al trazo firme que preserva la escala, de la retina sensible a la luz dibujada... ¡Dibujar la luz, con tinta china!, ¡vaya reto...!

Y de ese reto.... de forma paciente, delicada, a veces hasta lenta... han nacido estos santos que nos rodean (santo Domingo, santa Bárbara, san Sebastián, san Marcos...), se han materializado nombres nuestros de épocas pasadas -a la vez tan presentes- (Pintag, Guápulo, Pindal, Machángara) y hemos podido ir de visita a regiones y ciudades diversas (Bolívar, Cuenca, Machachi, Guayaquil, Zaruma..... y Quito, claro).  ¿No les parece extraordinario?...... De las épocas universitarias que evocaba hace un rato han pasado los años... muchos de nosotros nos daremos cuenta que con mucha dificultad podremos sacarle “un trazo” al lápiz, al rapidógrafo o a la pluma... hemos “perdido la mano” y lanzarnos a dibujar sería poco menos que una audaz aventura... Por eso al ver esta exposición, resulta grato palpar que, en todo este tiempo, a Mario no se le ha agarrotado la mano y lo que es más importante (sobre todo en estas épocas que corren) no ha permitido que se le agarrote el alma. Resulta gratificante y complaciente una ocasión como ésta, cuando tenemos la oportunidad de ver a un compañero, a un colega, a un amigo entrañable... que se mantiene activo –y con cuánta solvencia- en este maravilloso reto de pasar al papel los paisajes urbanos, las paredes, el alma..., (el alma de calles y plazas y la suya propia... ) pues la tinta y el pequeño madero con los que Mario se expresa son medios casi mágicos, que le sirven para trasmitir al espectador la fuerza y la presencia de sus sólidos modelos y al mismo tiempo, su sensibilidad y calidad humanas. Concluí mi intervención señalando los cuadros: - Señoras y señores, dije… y añadí en seguida – bienvenidos a disfrutar de esta exposición titulada “fachadas y tintas” que me ha permitido desempolvar gratos recuerdos…. Resulta interesante poder recuperar estos textos ahora… veinte años después de la primera presentación, cuando han transcurrido más de diez de la segunda y, sobre todo, luego de cuarenta años de cuando tuve la suerte de compartir las aulas y la vida con estos dos queridos amigos que siguen pintando y entintando lienzos y cartulinas con la misma pasión de aquellas épocas.

En mi formación profesional como arquitecto aprendí varias técnicas de expresión, siendo la de puntas secas y tinta una de mis preferidas por la facilidad de expresar mucho con pocos trazos y porque la expresión de las puntas secas es mucho más cercana a la realidad de las sensaciones que los humanos precibimos a través de nuestros ojos principalmente.

Los objetos de mi expresión son básicamente las ciudades, sus edificios, sus fachadas, sus portones, los paisajes urbanos, que represento en mis dibujos mirados mediante mis pensamientos y sensaciones que infunden una identidad propia a cada una de mis representaciones.

Cada dibujo es una expresión del momento en el lugar, del frio y el calor, de la interacción con la gente, que afectan de diferentes formas y ayudan a dar vida a cada trazo.